Cuaderno de bitácora verano de 2019, 2ª parte: norte de España, sur de Francia.

“El mundo es un libro, y aquellos que no viajan no han pasado de leer la primera página.

Despertarse temprano en un hotel que posiblemente sólo visitaras una vez en tu vida y que no recomendaría (para que mentirte) nuestro hotel de Burgos es normal y no hemos venido a vivir una experiencia normal, buscamos dar vida a nuestros sentidos y espero poder hacerlo en el resto de estancias. Nuestra agenda diaria será viajar una vez  abandonemos el hotel después de desayunar, parando a comer en algún sitio reconocido de los pueblos por los que pasamos y procurar llegar a nuestro destino siempre sobre las 16:00h para poder registrarnos en el hotel, aparcar las motos y hacer algo de turismo en la zona, pero como vamos a visitar muchos pueblos como pasó ayer, seguramente no siempre podremos llegar tan temprano.

El desayuno en este hotel es normalito, pero estamos en Castilla y una de las cosas que lo demuestra es el buen pan y el buen jamón que ponen en los desayunos, que aliñado con un buen aceite, algo de ajo y tomate transformando un desayuno normal en algo extraordinario, no hay que olvidar que lo extraordinario no es lo que te ofrecen sino como lo miras o en lo que lo transformas (aplicable a la vida).

118 km nos separan de Vitoria Gasteiz he de reconocer que a excepción del ancho de las vías, estas no tienen nada que envidiar a las de centro Europa que he visitado otros veranos. Aunque si he de destacar que por primera vez nos encontramos con un peaje de autopista, lo cual me hace pensar que pasaremos de un camino bueno a un camino extraordinario (ingenuidad la mía) el camino es el mismo solo que han puesto un garito para cobrar y poco más. Las carreteras no son mejores (eso no significa que sean malas) ni hay mas carriles, ni hay mas velocidad como ocurre en Alemania o Austria. Lo cual me hace pensar que solo tienen un afán recaudador.

Creo que una de las ciudades más difíciles en las que he tenido que conducir es Vitoria, hasta el google maps no sabia como dirigirme a un espacio que tenia unos 100 metros junto a mi por lo que tuve que aprovechar la parte trail de mi motocicleta y bajar por una rampa con escaleras para poder acortar hacia mi meta. No se si era legal, pero si eficiente. Por fin llegamos a nuestro destino tras recorrer diferentes calles adoquinadas del casco histórico o lo que es lo mismo, dando un paseo por su historia. Descubrimos hermosas plazas, cantones e iglesias góticas. Palacios renacentistas como Villa Suso, Montehermoso, Escoriaza – Esquivel o bendaña que alberga el museo de arqueología y el museo Fournier (la marca de cartas) con la mejor colección de naipes del mundo.

Tras una parada en la plaza de la Virgen Blanca para una foto de recuerdo. Me gustaría contarte que su nombre fue puesto en 1901 por la patrona de la ciudad y en 1917, se levantó el monumento conmemorativo de la Batalla de Vitoria.

 

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Esta plaza es un espacio público en constante cambio, que cuenta con una dilatada historia y un denominador común: en espacio de reunión y de encuentro para los habitantes de vitoria.

 

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monumento conmemorativo de la Batalla de Vitoria

 

Subrayaría también la visita a la Catedral de Santa María Declarada Patrimonio de la Humanidad 2015 en el contexto del Camino de Santiago interior del Norte. Esta ha seducido a multitud de visitantes, y han servido para inspirar a numerosos escritores como Ken Follett (para escribir la segunda parte de Los Pilares de la Tierra), Pablo Coehlo o Toti Martínez de Lezea, entre otros muchos.

Otro de los principales atractivos de Vitoria-Gasteiz es su gastronomía y ahí te reconozco querido lector, que no sabría por donde comenzar, en una tierra en la que la cocina es un arte. Puedes elegir entre una amplia variedad de menús, una ruta de pintxos o la carta de algunos de los restaurantes más destacados del País Vasco.

Cabalgamos nuevamente nuestras motos, para intentar salir de este entramado de calles, bonitas pero “imposibles de salir”. Y lo conseguimos con el mejor de los GPS preguntando a los vecinos de la zona que con gran interés nos fueron indicando el camino. Nuestro destino es Biarritz

Biarritz se encuentra a 6km de la autopista A63, que va de Burdeos a la frontera española. En España, esa misma autopista toma el nombre AP-8. Da igual el camino que hayas elegido para llegar, sus carreteras ofrecen paisajes impresionantes.

Cuando pisas tierra en Biarritz te das cuenta que es una elegante localidad playera de la costa atlántica, que adquirió notoriedad en el siglo XIX tras la estancia de la emperatriz Eugenia, y ha sabido conservar todo su encanto con el paso del tiempo. Una costa salvaje, repleta de rocas esculpidas por la fuerza de las olas; espléndidos edificios y villas de arquitectura ecléctica, que va del Art nouveau al neovasco pasando por el art-déco y el barroco; largas playas de arena fina, ideales para descansar o practicar sus actividades favoritas. Pero déjame describírtela de manera más detallada

En esta ciudad, además de descubrir mil y un rincones, quienes la visiten podrán disfrutar de uno de los mejores destinos gastronómicos del continente. La combinación de exquisitos establecimientos tradicionales y de restaurantes innovadores son una auténtica tentación para los foodies (amantes de la comida). Carnes guisadas y pescados de excelente calidad, pimientos de piquillo rellenos o los famosos pinchos son solo algunas de las tentaciones de una cocina que recoge elementos de la tradición culinaria vasca y francesa. Y como no, algo característico de todas partes que toma un realce especial en estas fechas, el helado, entre otras cosas pudimos degustar uno en una heladería que tenia más de 100 sabores, y para mí que soy un apasionado de los helados, he de decirte que lo mejor, fue la compañía.

Aproximadamente unos seis kilómetros de playa nos acompañaron por el enorme paseo que posee la ciudad, entre las que destacan las de Miramar, la playa Grande, Marbella… La costumbre cuando se visita esta zona es tomar baños de sol y pasear mientras la arena fina nos acaricia los pies o sentarse en alguna de las numerosas terrazas que miran al mar. Los aficionados al surf o los que quieran hacer sus pinitos en este deporte pueden hacerlo en Côte des Basques o Milady, disfrutando de lo lindo.

No debemos olvidar que el surf entro en Europa por estas playas, pero eso es otra historia.

El hotel du Palais es uno de los emblemas de esta ciudad. Convertido en todo un símbolo, fue en su día la residencia de verano de la esposa de Napoleón III, Eugenia de Montijo, y desde finales del siglo XIX es un hotel de auténtico lujo. Situado en un enclave privilegiado frente al mar, cuenta con 150 habitaciones, diversos restaurantes, e incluso un campo de golf. Frecuentado por la flor y nata de la realeza y la burguesía europeas, todavía hoy es un claro exponente del lujo y el glamour que envuelven la ciudad.

Hay muchas pequeñas cosas que ver allí, pequeñas cosas que sumadas hacen de esta ciudad marítima un pequeño oasis de la historia. Los locales la denominan la Rocher de la Vierge (la “Roca de la Virgen”), un peñasco en el mar salpicado por las leyendas, al que se accede a través de un puente metálico construido por Napoleón III y que fue encargado al mismo ingeniero que hizo la Torre Eiffel, o el puente a “la isla” que también como la “Roca” se encuentran cerca del puerto viejo y el de pescadores y desde ellos se obtienen hermosas vistas no solo de Biarritz sino también de las montañas del País Vasco.

 

 

Otro edificio emblemático podría ser El Gran Casino Municipal, de estilo art déco. Construido a finales de los años 20 del siglo pasado por el arquitecto Alfred Laulhé, es el más grande de la costa vasca. Se encuentra a los pies de la playa Grande, en pleno centro de la localidad, y alberga, además del casino, una piscina cuyas aguas se consideraba que tenían propiedades curativas.

Levantado en el punto más septentrional de la localidad, en la cima de una colina, el faro de Pointe Saint Martin fue construido en 1834. Si no te imponen las alturas, te recomiendo que subas sus 248 escalones (contados) y contemples las hermosas vistas de los Pirineos y de la costa que se disfrutan desde lo más alto. Te recomiendo visitarlo al atardecer, cuando el paisaje adopta una belleza si cabe todavía mayor.

 

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el faro de Pointe Saint Martin que se encuentra al fondo izquierdo de la foto

 

Siguiendo nuestro recorrido, pasamos por el puerto delos pescadores, no es un puerto que esperes verlo lleno de barcos de pesca, pero si veras unos pocos, la pesca y sobre todo su resultado (el pescado) es uno de sus máximos atractivos en los restaurantes de la zona y todavía es un medio de vida para algunas familias. El puerto de los pescadores –Port des Pecheurs, en francés- es en la actualidad un bonito rincón frecuentado sobre todo por turistas, que conserva algunas antiguas viviendas de pescadores. Si quieres comer un buen pescado este es el lugar ideal, ya que aquí sé concentrar un buen puñado de restaurantes que hacen las delicias de los paladares más exigentes.

 

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El puerto de los pescadores en el centro de la foto

 

Antes de dejar este pueblo, es obligatorio pasar por delante de la iglesia ortodoxa de estilo bizantino que se encuentra en la ciudad, pero lo cierto es que se trata de un ejemplo más del desembarco de la nobleza continental en Biarritz. Fue construida a finales del siglo XIX por los aristócratas rusos que pasaban temporadas en la localidad. Aunque su estado actual no es excelente, destaca su cúpula azul visible fácilmente y los iconos religiosos traídos especialmente de San Petersburgo.

Seguimos en nuestro recorrido por las ciudades más bonitas del norte de España y Sur este de Francia y nos encontramos lo que yo llamaría el triunvirato de Hendaya (ciudad francesa) Irún y Hondarribia todos estos pueblos en la desembocadura del rio Bidasoa en la bahía de Txingudi. Es algo difícil de describir, carreteras que van a dar a un rio, edificaciones antiguas renovadas, tradición, adoquines… y sobre todo mucho verde.

Si para mí algo destaca de Hondarribia también conocida como Fuenterrabia son tres cosas: la primera mi amigo Mario con el que tuve la oportunidad de cenar que nos puso al día de todo, es un crack y un gran anfitrión. Segundo su gastronomía, posiblemente todo el País Vasco, pero esta zona en especial, mantienen tradiciones e innovan en la cocina y esto da como resultado no saber que pedir cuando te sientas a la mesa. Y en tercer lugar, su historia y las huellas de la misma. En este caso esta bella villa fortificada en la que visité el barrio de La Marina, con sus coloridas casas de pescadores. Se debe callejear su casco histórico para descubrir sus bellas plazas y su riqueza monumental: Arma Plaza, el Castillo del Emperador Carlos V (actual Parador Nacional) y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Una agradable experiencia, a la cual el tiempo nos acompaño.

 

 

Irún sorprende con su intensa vida comercial y cuenta, además, con una destacada oferta cultural y monumental. Si haces una visita a esta ciudad, no puede faltar acercarse al museo romano de Oiasso, donde se recogen buena parte de los hallazgos procedentes del yacimiento romano más importante de Euskadi.

Cuando pensamos que todo lo bueno del día ha pasado ya, nos encontramos con una grata sorpresa, este día debido a la cantidad de sitios que visitaríamos, no tuvimos oportunidad de llegar temprano a nuestro hotel y por lo tanto no sabia en este caso si la elección había sido buena o mala, pero la grata sorpresa al llegar fue extraordinaria esta vez había acertado con un caserío típico de la zona reconvertido en hotel que nos acogió, con vacas, con cariño y con una vistas alucinantes.

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Vistas al despertar desde el balcón de mi habitación en la Casa Rural Higeralde

 

Casa Rural Higeralde

Casa Rural Higeralde

No suelo recomendar hoteles, pero creo que este al menos es digno de ir a ver. Una vez instalados en el hotel, ducha y salir a cenar con Mario como antes comenté nuestro anfitrión. Definir a Mario para quienes no lo conozcáis es como intentar definir la cara de una sonrisa, alguien que siempre está contento y que se alegra de que la vida te vaya bien, un emprendedor, un amigo, un confidente, alguien para quien el paso de los años no hace mella sino que quiere saber de ti, aunque no se otee en el horizonte cuando será la próxima vez, el siempre tiene ganas de verte. Si al espíritu acogedor de los vascos tuviéramos que hacerle una escultura, sería con el pelo rizado, con una sonrisa, con un gran abrazo y con un gran gusto por lo exquisito.

Gabon, ondo lo egin (Buenas noches que descanses)

 

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